sábado, 9 de febrero de 2013

Nemo: Mi primera tormenta de nieve

Como puertorriqueña, nacida y criada en Puerto Rico, lo más peligroso en cuestiones climatológicas son los huracanes. El haber crecido en el área este me da una perspectiva de cómo son los huracanes, sus vientos y todo lo que dejan a su paso. Pero cuando se trata de nieve, no tengo idea de lo que va a pasar.

Desde desde principios de esta semana, estaban anunciando que vendría una tormenta de nieve (blizzard como a veces le llaman cuando se pone bien fuerte), pero no tenía idea de lo que iba a suceder y cómo prepararme. Decían que lo venía era grande e hice lo que mi lógica puertorriqueña me dictó: prepárate como si fuera un huracán. Así que fui al supermercado, compré comida enlatada y agua, fui a una ATM (las ATHs americanas) y saqué dinero en efectivo por si acaso los sistemas electrónicos se fueran a pique. Cuando fui al supermercado era todo un caos. Las filas de las cajas llenas y la gente con compras gigantescas. Era como si estuviese en Puerto Rico de nuevo, con la única diferencia es que los americanos no son muy conscientes de lo que compran. Muchos compraban comida congelada por montones y comida que se almacenan en nevera. ¿Qué pasaría con toda esa comida si se iba la luz? A la verdad que la lógica no está presente en los cerebros de mucha gente.

El viernes llegó y la tormenta también. Pensé que sería como los huracanes, pero no fue así. A decir verdad, fue un día bastante aburrido. Nevó sin parar el día entero y en grandes cantidades. Era como si alguien en el cielo estuviese echando libras de azúcar a una mallorca gigante. Eso sí, la luz parpadeó par de veces y pensé que en cualquier momento se iría la luz, pero por suerte no pasó. Vi televisión todo el día y mataba un poco el tiempo con el internet también, pero fuera de eso aburrimiento total.

El bello paisaje desde la ventana de mi apartamento desde el viernes en la noche hasta el sábado por la mañana.

Hoy, paró de nevar en la mañana y salí a ver cómo estaba la cosa afuera. Me envolví como un pastel y llevé mi cámara para documentar cómo quedó todo después de la tormenta. Todo era blanco, más de dos pies de nieve. Caminaba y se me hundía los pies en la nieve. Los carros estaban cubiertos hasta las capotas. Nunca había visto tanta nieve en mi vida. No habían carros corriendo en las calles, sólo se veían unas cuantas personas caminando y tomándose fotos en la nieve. También un grupo de americanos con esquíes deslizándose por la acera. No duré mucho afuera, hacía demasiado de frío. En la tarde salí con una vecina y compañera de clases, anduvimos por un rato y vimos gente paleando y tratando de quitarle un poco la nieve a los carros. Vimos los rieles del tren de la parada cerca de donde vivimos. Después volvimos para nuestro edificio por que no aguantábamos más el frío. Luego, fuimos a su apartamento a comer típica y auténtica comida china porque hoy se celebra el Año Nuevo Chino (año de la serpiente).

Cómo quedó Boston después de Nemo. Mi padre me preguntó si  yo me mudé para Siberia de tanta nieve que cayó.

En fin, ya tuve mi primera experiencia con una tormenta de nieve. Aún no entiendo por qué la llamaron Nemo, si es un nombre asociado con el mar y un pez payaso. Pero con esta experiencia confirmo y me reafirmo en que no me gusta la nieve y no me gusta el invierno.

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