Desde que me aceptaron en Emerson College, mi verano fue uno caótico. La carta de aceptación a Emerson llegó en mis manos en junio, y desde ahí hasta que me fui de Puerto Rico, no paré la pata. Estuve todo el verano entrando a la página de Emerson por internet haciendo todos los trámites que ellos me requerían para empezar bien allá. Mientras hacía todo esto, también estaba comprando ropa para enfrentar el frío bostoniano y despidiéndome de mis amistades. En fin, mi verano fue maratónico y por momentos estresante, pero sobreviví. Fue un verano especial porque a pesar de que me iba mis amistades me demostraban su cariño y sus mejores deseos para mí. Sé que no me pude despedir de todos en persona pero sé que muchos de ellos me envían sus buenos deseos a través de Dios o por e-mail.
En fin, había llegado el gran día. Era el 31 de agosto de 2011; miércoles para ser exacta. No pude dormir del todo durante la noche anterior. Desperté con el corazón "a millón". Casi se me quería salir del pecho. Pero no iba sola para allá, mi papá iba conmigo. Mami abrió la puerta de mi cuarto, me saludó, me abrazó y casi se me echa a llorar encima. Se despidió de mí en casa porque no podía faltar al trabajo (es maestra de 3er. grado). Me echó la bendición y me dijo que el pancake más grande era el mío.
Después, me levanté y me empecé a prepararme para irme. Mi hermana menor nos llevaría a mi papá y a mí al aeropuerto. Nos llevamos 2 maletas: una pequeña para mi papá y una grandota para mí.
Cuando llegamos al aeropuerto, estaba lleno. Se nota que JetBlue está pega'o en Puerto Rico. Y tuvimos que coger para una fila bien larga por culpa de mi maleta. Que por cierto, ya se le viró una de las rueditas de tanto peso que tenía; suerte que era una Samsonite.
Cuando fuimos para el área del "gate" teníamos mucha hambre y como esa área del aeropuerto es nueva, habían muchos restaurantes. Yo quería originalmente comer del Mesón para darme mi último almuerzo boricua. Pero no pude, muchos puertorriqueños que estaban allí pensaron lo mismo y estaba muy lleno. Así que nos fuimos a comer para Taco Maker. Fue mi último almuerzo con mi hermana menor.
Me despedí de mi hermana menor cuando entramos al área de seguridad. Pero nos seguimos despidiendo como 20 veces más hasta que hizo señales de que me fuera. Y cuando volí a mirar atrás, ya ella se había ido. Me fui con mi papá a la terminal para montarnos en el avión. Cuando nos montamos en el avión y empezó a dar vueltas en la pista para despegar, vi la Avenida Baldorioty de Castro por última vez. Cuando despegó el avión finalmente vi la costa norte por última vez. Vi todo el Condado y el Viejo San Juan. Miraba hacia atrás como despidiéndome mentalmente de mi patria, de mi nación hasta que desapareció completamente de mi vista. Entonces miraba el océano como un preámbulo a la nueva etapa que entraría a mi vida: estudiar y vivir en Boston.
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| Viejo San Juan desde el aire. Cortesía de Google. |

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